Los jueves 12 y 19 de febrero, el Colegio Vicente de Paúl de Zaragoza, por segunda vez, dé manera consecutiva, fue escenario de una nueva jornada que reunió al alumnado de sexto de primaria con jóvenes de la Fundación Down Zaragoza, en una experiencia educativa centrada en el ajedrez. Este evento no solo destacó la importancia de la enseñanza de este juego de estrategia, sino también los valores fundamentales de la inclusión, la cooperación, la resiliencia y el trabajo en equipo, promoviendo un ambiente de aprendizaje compartido y enriquecedor.
Las jornadas comenzaron, tras una acogedora bienvenida y un muy completo almuerzo, con una breve introducción al ajedrez por medio de un cuento en el que la dama cobró un mayor protagonismo; a continuación, se dividieron en dos grupos: un grupo donde los estudiantes del colegio y los jóvenes de la Fundación pudieron compartir su entusiasmo y conocimiento sobre el juego, y otro grupo, en el que confeccionaron un mural ajedrecístico pintando, recortando, y dibujando. A través de diferentes actividades y partidas, los participantes demostraron que el ajedrez es mucho más que un simple juego; es una herramienta poderosa para fomentar la inclusión. Durante el evento, se evidenció cómo el ajedrez permitió superar las barreras entre los estudiantes con y sin discapacidad, creando un espacio común donde todos podían participar activamente y disfrutar del aprendizaje mutuo, sin importar sus diferencias.
El ambiente de cooperación fue palpable a lo largo de ambas jornadas. El alumnado de sexto de primaria, al trabajar codo a codo con los jóvenes de la Fundación, aprendieron a colaborar, a respetar los ritmos y necesidades de los demás, y a compartir estrategias y soluciones. Esta colaboración, más allá de la competitividad, destacó el verdadero espíritu del ajedrez como una actividad que promueve la solidaridad y el apoyo mutuo.
La resiliencia fue otro de los valores clave que se fortalecieron durante el encuentro. A través de las partidas, tanto los jóvenes de la Fundación como el alumnado del colegio tuvieron que enfrentarse a la dificultad de aprender y adaptarse a nuevas tácticas, aceptando que, en el ajedrez, como en la vida, no siempre se gana. La perseverancia y la capacidad de aprender de los errores fueron visibles en cada movimiento y en cada partida, demostrando que, a pesar de las dificultades, el desafío siempre es una oportunidad de crecimiento.